sábado, 12 de enero de 2008

En el Catálogo de Revisitaciones

Photobucket
Tomado de la parte conducente de
REVISITACIONES
Cartes de Visite de José Manuel Mayorga
1992 -2006



Fotografía como documento, como herramienta, como vehículo…. Todas estas definiciones pueden acompañar las reflexiones en torno a la obra de José Manuel Mayorga Saravia.

Su carrera como fotógrafo que se exhibe ha comenzado hace muy pocos años. En un escenario artístico en donde la fotografía ha sido poco estudiada y sí muy producida, los primeros pasos de Mayorga podían haber parecido los de un espectador ávido, que toma imágenes y trata de devolverlas a los demás, como una impronta de su viaje por diversos espacios, ciudades, países. Sin embargo, su primera muestra, Impresiones de Nueva York, que se realizó en el Instituto Guatemalteco Americano en el 2005, dejó muy claro que detrás de esa necesidad imperiosa de comunicación y registro, había también una voluntad estética fuerte y una marcada preocupación por redescubrir detrás de cada imagen mil y una lecturas.

La manera en que vivió esta ciudad, la recorrió, la disfrutó, era una extensión de la forma en la que había vivido, recorrido y disfrutado otros espacios que hasta el momento no le eran ajenos. Con gran curiosidad, Mayorga tiende a escudriñar hasta el último rincón. Estas imágenes, como otras que vendrían después, fueron producto de la coexistencia estrecha con un espacio físico al que tomó el pulso desde dentro.

Impresiones de Nueva York fue en su momento una muestra muy visitada y comentada, probablemente por la capacidad que tuvo de provocar el recuerdo de vivencias personales pero también la sensación que emanaba de cada imagen y el sabor que transmitían. Ningún detalle había quedado olvidado y, curiosamente, no era una visión particular del artista lo que se mostraba, sino las maravillas del diapasón formado por muchos ojos, una diversidad infinita de maneras de vivir la realidad y un acercamiento intenso a ésta que transformaba al espectador en protagonista.

Valia Garzón Díaz
Ciudad de Guatemala, marzo, 2007

domingo, 23 de setiembre de 2007

A NYC

Aparecido en la edición de Prensa Libre del sábado 10 de septiembre del 2005 en la página de opinión, Carpe Diem la habitual columna de Luis Figueroa.

Para ver la versión en línea visite Prensa Libre.

Artículos Publicados

Para leer el artículo publicado en el sitio de la Embajada de los Estados Unidos en Guatemala, por favor presione aquí.

Articulo en Valle de la Ermita. (edición mensual, octubre 2005)

Articulo

Texto de la Participación a la Exhibición Impresiones de New York

La muestra consiste en una serie de fotografías en blanco y negro, resultado del trabajo realizado a lo largo de cuatro años (2002 a 2005) durante visitas consecutivas a la isla de Manhattan. No conocí la ciudad antes de los atentados del 9/11, las experiencias durante mis estadías esbozaron tímidamente la tensión y paranoia colectivas que en estados de alerta máxima pueden vivirse en esas latitudes. Lo experimentado comprende desde percibir el luto relativamente reciente por los atentados terroristas, los estados de alerta ciudadana, la densa atmósfera en las vísperas de la invasión a Iraq en marzo 2003, la llegada de la primavera y el estado de contemplación ante la obra "The Gates" de Christo y Jeanne-Claude en Central Park.

La vida urbana. He sido un fotógrafo callejero en la jungla de asfalto donde las fachadas de tiendas y locales alternan con anuncios publicitarios, rótulos luminosos y señalizaciones. La pretensión ha sido plasmar los aparentemente inconsecuentes detalles de la vida cotidiana y el paisaje de la ciudad, ir tras objetos y tras sujetos, personas anónimas, extraños en su tránsito por espacios públicos abiertos o cerrados, en actividad o en reposo, todo capturado desde el punto de vista que alguien que observa y llega de lejos.

Reflexiones de José Manuel Mayorga

La exhibición IMPRESIONES DE NUEVA YORK, en el IGA del 7 al 30 septiembre 2005, es consecuencia y reflejo de múltiples vivencias muy personales.

Por ello, para apreciar más la vida y, en contraste con la muerte, se me han vuelto referencias obligadas Las horas de Michael Cunnigham y Virginia Wolf; disfruto del “dream team” de Stephen Daldry, Nicole, Julianne, Meryl y Toni; y me percato de un vistazo de las horas en Nueva York, Ginebra y Seúl ciudades habitadas en ese momento por personas amigas. Hospedado la primera vez en el Hotel New Yorker al que llegué saliendo de las profundidades de Penn Station, a media noche, bajo la lluvia y cargado de expectativas, descubrí, en la mañana del día siguiente, el tono ocre de los edificios del “garment district” y, unas cuadras más allá, hacia el oeste, el luminoso colorido de la 8ª avenida y esquina de la calle 42 en donde, entre otros, el Departamento de Salud presenta a la pareja en el diálogo ¿Te importaría si fumo? ¿Te preocuparía si muero? Texto que, en mi última visita, ya no pude leer porque el anuncio había desaparecido a consecuencia de una nueva edificación –eso me hizo pensar que de igual manera se esfuma el mojito al ser ingerido, y Harry Potter cuando se cubre con su capa protectora.

Vamos de Window shopping decía mi mamá, y salíamos a mirar vitrinas. Viendo vitrinas en New York, vi aparecer la ropa de primavera, confecciones en algodones, vistiendo cuerpecitos de maniquí, The Women y 712 Avenida Madison, escaparates que representan microclimas y realidades que contrastan con la calle y el intenso frío que se siente: esa desnudez primaveral se opone a la necesidad de un abrigo. Las boquitas pintadas de Manuel Puig a lo Prada iluminan el graderío que, bajando, me conduce al sistema de transporte colectivo subterráneo. Este es una vía de acceso, de desplazamiento o de escape de Nueva York, con el Manhattan transfer de Dos Passos entre el bolso, alcanzando por la línea roja de metro (1 o 9) la última salida de Manhattan en la parte sur, para tomar el trasbordo al Staten Island Ferry. Navego contra los vientos fuertes y disfruto de mis visitas, imagino como serian las espectaculares torres ahora físicamente ausentes; pero presentes en muchos como imágenes de un terrible desastre. Las vistas que aprecio también han sido las primeras impresiones de los miles de inmigrantes que han tocado tierra americana, atraídos por el “american dream” en busca de una vida mejor y quizás de un cuerpo mejor, citando a Zahara en La Mala Educación, pieza central del New York film festival en el 2004.

Si las paredes de los distintos barrios y los edificios, pudieran hablar, ¿qué historias nos contarían? Las del antiguo barrio judío que cedió su espacio a la cada vez más numerosa población oriental arraigada en Chinatown por la Calle Forsyth… Que patinar sobre hielo en el Wollman Rink con el telón de fondo de los rascacielos en su imagen de tarjeta postal es una manera de alcanzar la felicidad, o que la infelicidad se presenta en forma de duda porque “algo siniestro” ocurre en el apartamento que Jack Lemmon quiere compartir con su novia. En el Apthorp también me veo incluido en el escenario de menos siniestras aunque sí determinantes diferencias maritales entre Jack Nicholson y Meryl Streep en Heartburn, al tono de itsy bitsy spider cantado por Carly Simon.

Visito el agradable Washington Square con su parque para perros en el corazón del Greenwich Village; por otro rumbo desde el puente Queensboro veo el American graffiti en las paredes y puertas. Pienso en Shark Tale y en los frutos del mar servidos a la mesa o llevados dentro de la bolsa blanca de plástico que carga la anciana del abrigo negro; busco las historia de tiburones y de otros animales en las estanterías de The Strand, librería gigantesca con lo nuevo, lo usado y lo raro a disposición. También presencio el festejo de los irlandeses que da lugar a la visión nunca concebible de militares ocupando la quinta avenida en el desfile del día de San Patricio; el hombre que a su vez toma fotos, y la dama que es sorpresivamente capturada volviendo del espacio ocupado por el Museo de Arte Moderno en su temporal traslado a Queens (MOMAQNS), con ocasión del pulso Matisse - Picasso entre hordas de cultos y no tan cultos aunque sí de muchos visitantes ansiosos de lo nuevo, para quienes el limite de cuarenta y cinco minutos dentro de las instalaciones se queda corto para prepararse contra los chiflones de afuera.

Y hubo una vez que, por un lapso de dos semanas, Central Park se cubrió con 7,500 puertas de color azafrán, consecuencia de la instalación The gates de Christo y Jeanne Claude, artistas quienes, durante veintiséis años lucharon contra corriente para realizar su objetivo. Esta obra, junto con sus proyectos anteriores, les ha ganado un espacio en la historia del arte, como también lo ha ganado Keith Harring con sus dibujos, pinturas y esculturas. La hora de los niños, con la variante de que esta vez son varoncitos los que juegan junto al estanque del Brooklyn Botanic Garden al aire libre, y no muchachitas de colegio a quienes les gusta martirizar a sus maestras (personificadas por Audrey Hepburn y Shirley MacLaine) haciéndolas víctimas de mentiras que llevan a un camino sin retorno. Otra niña tomada de la mano dentro del Museo Metropolitano desde su temprana edad se cultiva, ¡!cuántos niños de mi paìs no podrían hacer lo mismo si su realidad fuera otra ¡!

De nuevo en la calle, me encuentro caminando caminandito, del up al down norte a sur por la 5ª. avenida museum mile y frente a sus bancas y ocupantes, llego a la altura de Rockefeller Center, donde me topo con el recuerdo de Diego Rivera y su frustrado mural, y si la temporada es la adecuada, veo a los que se disfrutan patinando en otra pista de hielo, fría, fría y dejo atrás al durmiente que probablemente sueña, como también lo hacen los caballeros que, en el Muelle 17, reposan y se calientan al sol.

El lector trasciende el bullicio de la calle, los autos y la contaminación, y me pregunto a dónde lo llevan esas lecturas… Mientras la pareja se relaja en Central Park y en la mochila lleva sus deseos por un mundo donde el respeto y la tolerancia se conjuguen entre todos los individuos en cualquier época. Se acerca otro invierno en Nueva York. El corredor se desplaza Antes que anochezca, completamente sudado llega a casa, y después del baño toma en sus manos el mundo alucinante legado por Reinaldo, y se recrea en él, como nos podemos recrear todos si sabemos estar en la sintonía adecuada.

José Manuel Mayorga
Guatemala, 29 de septiembre 2005.

Se agradece a la Dra. Silvia Herrera U. la lectura y observaciones para que el presente texto figure como aparece.